La reciente propuesta de la Comisión Europea de eliminar la ficha financiera fija del POSEI (Programa de Opciones Específicas por la Lejanía y la Insularidad) plantea un cambio de paradigma que afecta de manera directa al modelo agrícola de Canarias y, por extensión, a todas las Regiones Ultraperiféricas (RUP) de la Unión Europea. Lo que hasta ahora era un instrumento estable y diferenciado, diseñado precisamente para compensar los sobrecostes de producir en territorios alejados y fragmentados, quedaría diluido en un esquema general de la Política Agraria Común (PAC), con fondos sujetos a la priorización interna de cada Estado miembro.

Una amenaza a la estabilidad económica y social

La singularidad de la agricultura de Canarias —y de las RUP francesas y portuguesas— no se limita a producir alimentos; es un sector que vertebra el territorio, mantiene el paisaje, fija población en zonas rurales y genera una economía complementaria clave en empaquetado, transporte y exportación.

Sin un presupuesto estable, el impacto a medio plazo es evidente:

  • Pérdida de rentabilidad y competitividad: La incertidumbre presupuestaria desincentiva la inversión, y la presión de los costes laborales crecientes en España —derivados de la subida del salario mínimo, la reducción de jornadas y la carga regulatoria— agrava la vulnerabilidad de las explotaciones.
  • Desindustrialización y empleo: Estudios de impacto estiman que, en un horizonte de cinco años, podría perderse hasta un 20% de la producción local, cerrando explotaciones y reduciendo el tejido agroindustrial. Esto se traduciría en la pérdida de entre 10.000 y 14.000 empleos directos e indirectos, un golpe durísimo para comarcas rurales que dependen casi en exclusiva del sector primario.
  • Dependencia alimentaria y precios al consumo: La caída de la producción local obligaría a incrementar importaciones de terceros países (muchas veces sin las mismas exigencias ambientales y sociales que la UE), aumentando la volatilidad de precios en productos básicos y debilitando la seguridad alimentaria.

Más allá de la economía: sostenibilidad y resiliencia

La agricultura de las RUP no es solo un asunto de competitividad económica. Su aporte medioambiental y social es indiscutible: mantiene paisajes únicos, preserva biodiversidad, reduce la erosión y promueve el uso racional del suelo.

Abandonar explotaciones por falta de apoyo estable no solo es un problema económico; supone romper un equilibrio frágil entre actividad humana, sostenibilidad y cultura alimentaria local. En territorios insulares, donde el espacio productivo es limitado y la dependencia exterior ya es elevada, esto sería un error estratégico.

Una defensa que va más allá de Canarias

Este debate no es solo canario. Francia, con sus territorios ultraperiféricos (Guadalupe, Martinica, Reunión, Guayana Francesa), y Portugal, con Azores y Madeira, se enfrentan a la misma amenaza. Su realidad productiva es igualmente vulnerable y, sin una ficha financiera diferenciada, su agricultura estaría expuesta a los vaivenes presupuestarios nacionales y a la competencia de importaciones a bajo coste.

Conclusión: la necesidad de una ficha financiera garantizada

El POSEI nació para reconocer una realidad incuestionable: las RUP no pueden competir en igualdad de condiciones con territorios continentales ni con terceros países. Mantener una ficha financiera estable no es un privilegio, es una medida de justicia y equilibrio territorial.

No se trata solo de proteger cultivos; hablamos de garantizar empleo, cohesión social, estabilidad de precios para las familias y sostenibilidad medioambiental.

La Unión Europea tiene una oportunidad para reafirmar su compromiso con la cohesión y con un modelo agrícola que, lejos de ser un lastre, es un seguro de resiliencia para el futuro de nuestras islas y de Europa.

https://www.eldia.es/economia/2025/07/23/cambios-politica-agraria-ue-hachazo-120003915.html